viernes, 23 de enero de 2015

Después de ver los atentados en París y preguntarme si la muerte del rey de Arabia Saudí está relacionada, me paraba a ver las reacciones de Europa. El viejo continente del que procedo, cuyas aguas me han bañado y cuyas tierras me han alimentado.

En primer lugar observé un movimiento contestatario con carácter claramente nacionalsocialista liderado por pequeños grupos independientes, partidos influyentes y asociaciones de diversa índole. Lo cual no es sinó una consecuencia directa, un movimiento lógico que la misma física explica: ya sabes, eso de acción-reacción, si ejerces una fuerza en una dirección recibirás una fuerza igual pero en la dirección opuesta. Europa se siente atacada por África y algunas partes de oriente medio y obviamente quiere desempolvar las cámaras de gas y las bombas atómicas para acabar con el problema de raíz. Es una realidad cruenta pero que empieza a ser demasiado ruidosa como para intentar acallarla hablando más fuerte.

Sin embargo por mi cabeza rondaba un pensamiento, todas las barbaridades que se han producido en este, el continente que ha dominado el mundo desde tiempos inmemorables pero que ahora ha cedido el trono a América del norte. Todas esas masacres de paganos, las brutales violaciones y las inhumanas torturas que sufrieron los países nórdicos para abandonar el paganismo nordicista y cambiar el nombre de Odín por el de Dios. La tremebunda y asquerosa inquisición española que asesinaba a todo lo que se le ponía por delante y su innegable parecido con aquellos a los que Europa califica de bárbaros hoy día. Todos esos actos deplorables que ha llevado a cabo la institución más inmunda, hipócrita y negligente que es la iglesia. Han sido protagonistas de actos que el mundo musulmán no podría igualar ni aunque pusieran a Bin Laden de guía espiritual como lo fuera el intento de censura y homicidio contra Galileo, genio envidiado por todos esos pedófilos vomitivos que intentaron parar el inexorable y firme avance de la ciencia que al final les ha vencido y humillado una vez tras otra.

En definitiva: es condenable el asesinato de cualquier persona, el terrorismo como movimiento y las doctrinas religiosas que a modo de secta alientan el poder de unos pocos. Obviamente el mundo ha de luchar para evitar más acciones como el atentado en París si bien tenemos que tener en cuenta que la religión musulmana es posterior a la cristiana y en el fondo, solo están repitiendo paso por paso el camino de barbarie que hizo la iglesia romana antaño.

Al final es todo lo mismo, masacrar para imponer un pensamiento.


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