viernes, 8 de noviembre de 2013

Ángeles, la dulzura de la gente

Poema por Frank Tretsch:

La tormentosa noche agitó nuestra barca
el daño fue psicológico
La imaginación te permite conocer el frío
la carne te permite sentirlo dentro de ti.


¿Deberíamos o no deberíamos lanzar nuestra fe a lo más hondo?
Las heridas se abrirían, es cierto
Pero cuando ya no las puedes cerrar... quizá...
quizá sea mejor abrirlas del todo para que dejen de sangrar.

Cree en ti, cree en ti, cree en ti
Nada que añadir
misterios, corazones desordenados
falta de luz en el camino

Depende de ti que encuentres o no
a aquel gladiador que luchó por ti
a aquel que sobrevivió hasta que descubrió que
lo otro no está tan mal, que el otro lado es amargo
pero está tan calmado
El frío sólo es frío al principio, luego tú lo calientas
o más bien absorbe el calor de tu interior hasta que
finalmente, tú eres convertido en frío.

Frank Tretsch: El desamor y la muerte.

jueves, 3 de octubre de 2013

Todo se torna negro

La corrupción, las violaciones, los asesinatos, el dominio mundial por parte de unos pocos... todo ello puede servir como base a cualquier noticia, en cualquier periódico, en cualquier lugar del mundo.
Quizás por ahí venga Dios, la gente ve en las multinacionales y la clase política un dominio mundial que les aterra, es lógico que quien tenga el poder absoluto, aquel que posea la pesada maza de la justicia sea justo. Los humanos somos imperfectos y lo imperfecto nunca puede ser pieza de una estructura perfecta.

Cabe pensar que la infancia representa la parte fundamental, el aprendizaje de la persona, esa etapa en la que adquirirá valores y experiencias que le alumbrarán el camino, como en el resto de animales. Pero en nuestro caso, esto no funciona así.

Cuando nos explican -de pequeños- que si otro niño hace algo incorrecto y somos testigos de ello, debemos dar parte a un adulto para que le riña y le aplique un correctivo no nos dicen que cuando seamos adultos tendremos que olvidar esta lección, porque si otro adulto se porta mal ¿a quién dar parte? ¿a la policía? ¿se atrevería usted a levantar el teléfono y decir que quiere denunciar a un banco? ¿a una multinacional? ¿a un hombre rico? No lo haga, se reirán de usted. Lo cierto es que los malos tienen el poder y nadie puede darles una lección. La injusticia gobierna el mundo y no existe aquel que pueda equilibrar la balanza.

Todos anhelamos un ser que castigue al infractor, una fuerza todavía más poderosa que el dinero y las armas que soluciona los problemas que los propios hombres nos hemos creado. Pero piense por un momento si no sería más lógico que quien estropea fuera quien reparara. ¿Por qué ha de solucionar un ser superior lo que hemos estropeado nosotros? ¿No lo volveríamos a estropear de nuevo? ¿No tenemos lo que nos merecemos?